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La lluvia tardía

Así como la lluvia temprana es importante para preparar la tierra para la labranza, así tambien la lluvia tardía es primordial para que las cosechas obtengan la mejor productividad posible.

En el post de la lluvia temprana hablamos acerca de su importancia para el pueblo de Israel en el momento de estar en la tierra prometida, puesto que ya tendrían al río Nilo para satisfacer su necesidad de agua para los sembradíos, la lluvia era algo que ellos debian anhelar y esperar con paciencia y fe, creyendo que Dios sería fiel en mandarla.

La lluvia tardía era la que hacía germinar los frutos de la cosecha, sin ella era imposible tener una buena siega al finalizar la cosecha, y la calidad de los frutos dependían también de ella. Pablo declara que Jesús es el autor y consumador de la fe, es decir, el que pone el querer como el hacer en nosotros así como el que nos ayuda a terminar nuestra labor para Su gloria y honra.

Sin la lluvia tardía los sembradíos entrarían a la época seca sin reserva de agua, y estó haría que se perdiera gran parte de la cosecha, por eso era de suma importancia que Dios estableciera y decretara su lluvia temprana y tardía sobre el pueblo.

¿Cuánto tiempo podemos resistir sin que la palabra refresque nuestra tierra? porque el mundo de afuera tan seco como el deseierto más árido. Allá afuera hay sequia de amor, de perdón, de aceptación, de salud, de prosperidad, de temor a Dios. Irónicamente muchos cristianos se aventuran al verano seco del mundo sin su reserva de palabra, y se quedan a medio camino por la insolación de las tentaciones, la sed hace que los espejísmos de la tierra árida sirvan para desviar su camino, mejor dicho, nuestro camino.

Necesitamos la lluvia tardía, la palabra de Dios que nos dé la seguridad que El terminará de completar la obra que ha empezado en nosotros, entonces seremos de la buena tierra que produce al 30, 60 y ¿porqué no? al ciento por uno…

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