No era un recaudador de impuestos cualquiera, era "el" recaudador de impuestos de la ciudad. Su amor al dinero y la usura le habían estigmatizado en toda la región. Para los que no le conocían el representaba la forma más rápida de conseguir dinero. Propiedades, bienes, ganado, un buen conecte con los romanos, para todo tipo de situación financiera el era el indicado. Claro, la mejor parte para este singular cobrador de impuestos es que sus elevadas tasas de interés habían engordado sus cuentas bancarias, medio pueblo había pasado por la casa de Zaqueo para empeñar algún bien. Su puesto laboral era la envidia de unos, y el odio de la gran mayoría. Cobrar una tasa de interés mayor que la de los Romanos era su mina de oro en Jericó. Pero no contaba con que Jesús iba a visitar su ciudad, y no tan sólo eso, el maestro de Galilea va a estar a unas cuantas cuadras de su casa. Un hombre que lleva tras sí un séquito de doce discípulos, mujeres y gente que siempre andaban detrás, ...