¡Madrugar todos los días para conseguir un buen asiento en el transporte colectivo! Esa es la principal tarea de muchos en una sociedad donde se debe correr para todo. En una de esas jornadas de viaje en el transporte colectivo hacia el trabajo pude observar cómo todos los que vamos dentro de bus (me incluyo) vamos de manera casi automática esperando lograr un asiento donde poder continuar con el sueño interrumpido abruptamente y que pareciera no suplir el descanso necesario mientras llegamos a nuestro destino. Todos imbuidos en ordenar las tareas que nos esperan en el trabajo. Uno que otro va platicando con el vecino. No falta la madre que va tratando de terminar de peinar la cabellera de su hija antes de dejarla en la escuela o el que va con su vista perdida pensando que será otro día más que pasará entre montañas de tareas acumuladas en la oficina. Bueno, pues así sucedió en cierta ocasión con una mujer. Doce años de andar a cuestas una condición fisiológica. Doce años de...