No hay duda que nuestra juventud está expuesta al síndrome del hijo pródigo, una generación que se atreve a pasar aún por encima de los padres con tal e alcanzar su preciado éxito.
La sociedad ve a la juventud como personas a las que se les debe dar todo lo que pidan con tal de verlos felices y realizados, y aunque los padres siempre buscamos darle a nuestros hijos lo que necesitan y anhelan, eso no debe pasar por sobre la voluntad de Dios para su futuro.
El hijo pródigo es el que pasa por encima de los sentimientos de papá solo con el fin de satisfacer un sentimiento egoísta. Este hijo o debía tocar la herencia de su padre puesto que todavía no se había muerto, si embargo hizo suyo los bienes del anciano tropezando su vida.
El hijo pródigo no fue inteligente como algunos quieren hacerlo ver, al contrario, fue increíblemente egoísta, cruel con su padre, y su hermano no se queda atrás, aunque el inocente aparentemente no se va de la casa, si toma los bienes de su padre teniendo en su haber la parte de la herencia. No solamente hizo algo ilegal y malo sino que se quedó junto a su padre para no gastar sus bienes sino los de su padre.
Se muy fácil engañarnos con esta parábola dónde el único encomiable fue el padre que no dejó de amar a sus hijos. Esta sala historia de esta generación que no se acuerda de honrar padre y madre, mucho menos tienen en cuenta que detrás de ellos viene creciendo otra generación que hará exactamente lo que ellos hacen, allí buscarán la honra que no supieron dar y que a fuerza de ser sinceros, no se merecerían.
Necesitamos enseñarle a nuestros pequeños a respetar a mamá y papá, pero con el ejemplo, no solamente con palabras religiosas y vacías.
Y cuando el que servía al hombre de Dios se levantó temprano y salió, he aquí que un ejército con caballos y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos? 2 reyes 6:5 Me gusta madrugar, es un hábito que adquirí desde muy temprana edad. Siempre he observado esa transición de la noche al día, ver esos primeros rayos de sol aunque sea desde la ventana de nuestro cuarto, me parece sorprendente como sucede ese milagro todos los días y lo tenemos tan a nuestro alcance que se ha vuelto rutina para muchos. Esta es la primera razón que encontré como pretexto para levantarme temprano, la otra razón es mi tiempo de intimidad con mi Señor y Padre. Desde que leí que el ama a los que temprano le buscan he tratado de no fallar en esa cita tempranera, no siempre oro más de media hora pero platico con mi Señor en el resto del día, aunque la mayoría de veces yo estoy como oyente y espectador de lo que me quiere decir. Esas dos razones me levantan de la cama siempre, po...
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