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Lluvia

Este mes de octubre ha sido de mucha lluvia en mi país, pareciera que toda el agua reservada para este invierno esperó hasta el último momento para bañar la tierra con su bendición.
Los más ancianos pronostican por sus años de experiencia que este mes no es de lluvia... pero solo hay una voz a la que los vientos, el mar y "la lluvia " obedecen... Las alarmas de protección se activan debido a la saturación de agua en los suelos pudiendo ocasionar algún alud de tierra o desprendimiento en las zonas de montaña, puesto que mi país está rodeado de montañas y valles, esta es una prevención que puede salvar vidas y evitar accidentes.
La función de la palabra de Dios es muy parecida a la de la lluvia, su misión es saturar nuestro corazón con el agua que refresca y da vida y paz. La palabra necesita crear en nuestra "tierra" interior esa permeabilidad que afloja hasta las montañas más petreas. Necesitamos aguaceros divinos que vulneren los argumentos humanos y lógicos que se erigen en nuestro ser. Torrentes celestiales que descurran la hipocresía y la altivez de nuestra alma, que laven la maldad de nuestros pecados y traigan renuevo a nuestra vidas... Nuestro reto es que dejemos que la palabra permee nuestra vida, senzibilice nuestra alma a la voluntad de Dios y nos permita dar frutos dignos de arrepentimiento...ese es el poder del agua de la palabra de Dios!! Al que trabaja la tierra siempre agradece la lluvia, para él no es problema el invierno, al contrario, su petición es que el cielo derrame Su bendición sobre los sembradios. Sí usted y yo somos de los nos esforzamos por trabajar las parcelas de nuestro ser interno, necesitamos del agua de la palabra para que los renuevos se fortalezcan para producir esa novedad de vida que tanto anhelamos y necesitamos, la palabra de Dios es la produce vida, nutre y fortalece nuestro espíritu. Señor... permítenos preservar en la lluvia de Tu palabra!!!

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